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La Nanocelulosa es la llave a un papel más resistente y ecológico

La nanocelulosa – material que se obtiene en base a las unidades estructurales más sencillas de la materia vegetal – está generando una revolución en diversas industrias y constituye un recurso clave para la bioeconomía en regiones donde la actividad forestal es una de las principales fuentes de ingreso de la población.
Un grupo de investigadores del Instituto de Materiales de Misiones (IMAM, CONICET – UNAM), trabaja en el desarrollo de nanofibras de celulosa obtenidas a partir de residuos foresto-industriales de especies tradicionales, como pino o eucaliptus, así como también de otros cultivos alternativos que están en expansión, como la moringa (Moringa oleífera), un árbol originario de la India que se cultiva en Misiones, Argentina. Estos recursos podrán ser empleados en la fabricación de papel, aumentando su resistencia y generando procesos más amigables con el ambiente.
Los usos de la nanocelulosa son múltiples y van desde la fabricación de materiales para automóviles hasta insumos médicos. Los trabajos que se realizan en el nordeste argentino apuntan particularmente al papel. “Estudiamos la potencialidad de las nanofibras para reforzar papeles, particularmente los marrones que se utilizan para embalaje, que son los que representan el mayor volumen de producción de la industria papelera”, explicó la investigadora independiente del CONICET en el IMAM y responsable del Programa de Celulosa y Papel (PROCYP), María Cristina Area.
El desarrollo de nanofibrilas de celulosa en Misiones comenzó hace 3 años, con estudios basados en materiales como el aserrín de eucaliptos y del bagazo de la caña de azúcar, es decir, desechos de cultivos extendidos en la región. Después de ese punto de partida, se iniciaron distintas líneas de estudio que buscan identificar la potencialidad de las especies y diferentes aplicaciones de las nanofibras.
“Una de las fortalezas de estas nanofibras es que, a diferencia de otras nanopartículas en base a carbón que también se están estudiando, son completamente biodegradables. Son de origen orgánico y se obtienen a partir de recursos naturales que son muy abundantes en nuestra región, por lo que su potencialidad es enorme”, destacó la investigadora adjunta del CONICET en el IMAM, María Evangelina Vallejos.
Actualmente, uno de los trabajos del Instituto estudia el potencial de la moringa. Los frutos del árbol se usan para la producción de aceite, mientras que las hojas se secan y se exportan a países europeos, donde son reconocidas sus propiedades medicinales. Pese a que tiene un crecimiento muy rápido, la madera no puede ser aprovechada para la fabricación de papel por su baja densidad, pero si es útil para la obtención de nanocelulosa.
En los primeros ensayos, que ya fueron publicados en revistas científicas y expuestos en congresos internacionales por la becaria doctoral Julieta Benitez, compararon las nanofibras de moringa con las obtenidas a partir de aserrín de eucalipto y verificaron que las propiedades son similares. “Un factor interesante es que para obtener las nanofibras de moringa se utiliza mucha menos energía, lo que abarata el costo de producción. La idea final es que esta propiedad que estamos probando permita que la moringa se convierta en un cultivo alternativo de rotación en la región”, manifiesta Area.
Para obtener la nanocelulosa, los materiales de origen son sometidos a procesos químicos y mecánicos que permiten desestructurar las fibras y llegar a la escala nanométrica, un nivel imperceptible a simple vista, que equivale a la mil millonésima parte de un metro. El resultado es un hidrogel, que es el que contiene las nanofibras.
Otro de los proyectos que desarrolla el grupo busca obtener el hidrogel a partir de aserrín de pino. En los ensayos del trabajo, que está a cargo de la becaria Nanci Ehman, buscan identificar si se obtienen mayor refuerzo al incorporar las nanofibras a la preparación de la pulpa o bien aplicándolas superficialmente sobre el papel.
El uso de residuos como materia prima y la disminución en el consumo de energía para su fabricación convierten a la nanocelulosa en un recurso fundamental para aumentar la sustentabilidad del proceso de producción de papel.
Fuente: CONICET/DICYT

Crean ladrillos a partir de desechos plásticos

19/6/15 – Uno de los residuos que más se acumulan en las ciudades son los envases de botellas plásticas, un dato no menor si se tiene en cuenta que tardan 500 años en degradarse a la intemperie, y aún más tiempo si están enterrados.
Frente a esta problemática Rosana Gaggino, investigadora adjunta del CONICET en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, Conicet-AVE), desarrolló junto a su equipo de colaboradores, un proceso para la utilización de plásticos reciclados en la elaboración de elementos de construcción, en este caso ladrillos de polietilen-tereftalato (PET).
“Usamos PET procedente de envases descartables de bebidas y cemento pórtland como ligante, más un aditivo químico que mejora la adherencia de las partículas plásticas al cemento”, detalla Gaggino a la agencia dicyt.
La investigadora explica que el proceso se lleva a cabo triturando los plásticos con un molino, luego en una hormigonera común se hace una mezcla con el cemento pórtland y el aditivo, que luego se coloca en una bloquera manual que le da forma a los ladrillos. “El proceso es simple porque es como hacer bloques de cemento y arena, sólo que se remplaza la arena por las partículas de plástico PET”, asegura.
Entre las ventajas técnicas de estos ladrillos se puede mencionar que son cinco veces más aislantes térmicos que los convencionales de tierra, y además más livianos. “Un ladrillo de PET pesa 1,400 kilogramos, mientras que el de tierra pesa aproximadamente un kilo más”, dice Gaggino.
Por otra parte, la investigadora agrega que los cimientos de una vivienda construida con estos ladrillos son menores que los de una convencional, ya que la vivienda en general es más liviana, y, al tener mayor aislamiento térmico, se pueden construir muros de menor espesor, “en vez de hacer paredes de 30 centímetros se pueden hacer de 15”, asegura.
Además, los estudios realizados indican que los ladrillos de PET y cemento tienen buena resistencia al fuego, ya que los resultados del Ensayo de Propagación de la Llama lo clasifican como material Clase RE 2: material combustible de muy baja propagación de llama.
En la actualidad estos componentes constructivos se utilizan para cerramientos y no con finalidad estructural por lo que se está trabajando en la modificación de la superficie del PET para aumentar la compatibilidad con el cemento, mediante la adición de productos químicos o cambios en el proceso de producción, y mejorar así las propiedades mecánicas de los componentes.
Gaggino hace hincapié en que un ladrillo de PET se hace con 20 botellas descartables, lo que resalta la importancia ambiental del proyecto, ya que puede ser una alternativa al ladrillo de barro cocido que consume suelo fértil, usa leña de los bosques, y produce contaminación atmosférica.

Salvaron a una ballena de asfixiarse con una bolsa en el mar

ballena, bolsa, salvar, conicetUna ballena franca de unos doce metros que se había enganchado dentro de una bolsa de arpillera a unos mil metros de la costa frente a la ciudad de Puerto Madryn, Chubut, fue rescatada por un grupo de ecologistas.
El rescate fue protagonizado por ecologistas y becarios del CONICET que realizan investigaciones en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT) y en la Red de Fauna Costera del Chubut, quienes lograron liberar al animal con maniobras distractivas antes de que la bolsa de arpillera quedada enganchada definitivamente en su cabeza.
“El problema vino después porque la ballena al principio se acercó en forma amistosa a la embarcación y jugaba con la bolsa, pero al sacarle ese elemento con maniobras distractivas, comenzó a dar vueltas alredor de la lancha y a lanzar soplidos de agua, señal de que estaba enojada”, contó a la agencia nacional de noticias Carla Fiorito, becaria del CONICET en el CENPAT y en la Red.
Fiorito, que alcanzó a documentar con una foto el momento en que el animal estaba atrapado, detalló que el cetáceo “se colocó debajo de la lancha, por lo que el piloto, que tiene oficio para este tipo de eventos, dejó quieta la embacación y empezó a tirar burbujas de agua para que el animal salga”.
La veterinaria informó que “es peligroso poner el motor en marcha cuando una ballena está debajo porque puede dañarla, por lo que recién cuando el cetáceo se fue pudimos retirarnos del lugar”.
“Es muy común que cualquier objeto que esté en la playa sea arrastrado al mar por el fuerte viento que hay en la zona; en este caso se trató de una bolsa de arpillera que se utiliza para transportar arena o ripio en la construcción”, dijo Fiorito.
La becaria destacó que si bien estos hechos “no son frecuentes porque la gente tiene una mayor conciencia ambiental y no arroja objetos en la playa, siempre hay alguien que tira un residuo, especialmente en la época de mucha afluencia de gente que viene de otras provincias”.
La becaria explicó que otro problema en la zona es “el de los pescadores que dejan alambres en el mar, con los que se enganchan los lobos marinos pequeños”.
En estos casos “el lobo marino lleva el alambre como si fuera un collar y no puede sacárselo porque es incapaz de nadar hacia atrás, por lo que crece con él y le puede causar profundas heridas”.
“Sabemos de la existencia de un lobo marino con un “suncho”, que estamos tratando de ubicar al igual que otra ballena franca que la semana pasada enganchó otra bolsa en su cola”, precisó la becaria.
Fioritto informó que al año “puede haber dos o tres ballenas que enganchan bolsas en su cabeza o alguna otra parte de su cuerpo, pero no podemos afirmar que sean por elementos tirados aquí ya que es una animal migratorio y suele arrastrar objetos en su cuerpo desde otros lados”.
Forito ponderó al tarea de concientización ambiental que se realiza a los visitantes para que no arrojen objetos en la playa pero destacó que “la zona de Puerto Pirámides es como una pileta, por lo que en forma permanente estamos vigilando para cuidar a las ballenas de este tipo de accidentes”.
“También le decimos a la gente que avise si encuentra algún objeto en el mar porque nuestra tarea es cuidar a los animales y al medioambiente”, aseguró Fiorito quien desde hace tres años es becaria del CONICET en la zona, donde realiza investigaciones sobre las lesiones en la piel de las ballenas.
En la misma línea, Gabriela Belizzi, coordinadora del nodo de rescate en Puerto Madryn dependiente de la Dirección de Fauna de Chubut, advirtió sobre “la contaminación de elementos desde la playa hacia el mar” y aseguró que eso “debe ser observado y la gente tener cuidado de como desecha la basura, porque los vientos predominantes del sur llevan los residuos hacia el agua”.