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En Argentina se tiran 12 millones de botellas por día

Un reciente informe elaborado por la Universidad de Palermo pone de manifiesto la situación que atraviesa el país en materia de los residuos de PET que llegan a los vertederos.
Según explica el documento elaborado por Estela Mónica López Sardi y Juan José Talarico Obón los residuos constituyen un problema para la sociedad actual, sobre todo en las grandes urbes. “La generación excesiva de residuos sólidos urbanos (RSU) junto con el ineficiente manejo que se hace de los mismos, acarrea problemas ambientales, sociales, políticos y daño a la salud pública.”
Tal como da cuenta la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, en Argentina se generan 12.325.000 toneladas al año de residuos sólidos urbanos.
En el artículo de la UP se explica “El reciclaje de residuos en general y del PET en particular constituye en la actualidad una opción de negocios con buena recepción a nivel de la opinión pública por su relación directa con el cuidado ambiental. A esto se suma que en los últimos años se han desarrollado una serie de ventajas técnicas vinculadas a la actividad, como los detectores ópticos para la separación de plásticos, los sistemas de lavado automatizados, métodos de depuración del agua y los procesos de reciclado químico. Dado que la materia prima para la industria del R-PET proviene de los residuos a priori podemos suponer que es posible disponer de un flujo de materiales constante y de muy bajo precio.”
El estudio, entonces aborda las distintas dificultades que se dan en el país para poder mejorar el proceso de reciclado del PET que solo alcanza el 30% de lo que se arroja a la basura.  Estos puntos son una legislación insuficiente y de poco cumplimiento efectivo. También marcan factores culturales como la falta de motivación, estímulo y conocimiento para la separación en origen. Además de la multiplicidad de actores involucrados en el proceso y la informalidad económica en las etapas intermedias de la recuperación. Por último distinguen las dificultades logísticas para la obtención del PET usado, su transporte y acopio.

El mar en la costa bonaerense superó los 24 grados

Continuando con las mediciones que realiza el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), desde el Gabinete de Oceanografía Física informaron que durante febrero pasado, la temperatura en la superficie del mar en Mar del Plata, superó el valor medio histórico (20.65). Esto resulta del análisis de la información almacenada en la base BaRDO del INIDEP.
Durante los días 5 y 6 de febrero y a partir del 21 del mismo mes, la temperatura fue incluso mayor que el límite superior del rango que define los valores normales (valor medio +- 3 x desvío estándar), superando los 24°C entre los días 24 y 25 del pasado mes (24.13). En enero las máximas registradas no habían superado los 24 grados.
En el gráfico que presenta la Institución argentina se puede visualizar el registro de temperatura del agua de mar en la superficie durante el febrero de 2017, en el muelle de pescadores de Mar del Plata (38°02’S, 57° 31’W) (linea continua azul). Se trata de datos obtenidos con un termómetro SBE38 (precisión 0.001°C y resolución 0.00025°C) a intervalos de 5 minutos.
Para validar las observaciones se las superpone con las mediciones de un termómetro (X) en el muelle de la escollera Norte y con el valor medio climatológico (línea continua roja) calculado en la Base Regional de Datos Oceanográficos (BaRDO-⁠INIDEP) en el nodo de una grilla cuadrada de 55,66 km más cercano a Mar del Plata.

La Nanocelulosa es la llave a un papel más resistente y ecológico

La nanocelulosa – material que se obtiene en base a las unidades estructurales más sencillas de la materia vegetal – está generando una revolución en diversas industrias y constituye un recurso clave para la bioeconomía en regiones donde la actividad forestal es una de las principales fuentes de ingreso de la población.
Un grupo de investigadores del Instituto de Materiales de Misiones (IMAM, CONICET – UNAM), trabaja en el desarrollo de nanofibras de celulosa obtenidas a partir de residuos foresto-industriales de especies tradicionales, como pino o eucaliptus, así como también de otros cultivos alternativos que están en expansión, como la moringa (Moringa oleífera), un árbol originario de la India que se cultiva en Misiones, Argentina. Estos recursos podrán ser empleados en la fabricación de papel, aumentando su resistencia y generando procesos más amigables con el ambiente.
Los usos de la nanocelulosa son múltiples y van desde la fabricación de materiales para automóviles hasta insumos médicos. Los trabajos que se realizan en el nordeste argentino apuntan particularmente al papel. “Estudiamos la potencialidad de las nanofibras para reforzar papeles, particularmente los marrones que se utilizan para embalaje, que son los que representan el mayor volumen de producción de la industria papelera”, explicó la investigadora independiente del CONICET en el IMAM y responsable del Programa de Celulosa y Papel (PROCYP), María Cristina Area.
El desarrollo de nanofibrilas de celulosa en Misiones comenzó hace 3 años, con estudios basados en materiales como el aserrín de eucaliptos y del bagazo de la caña de azúcar, es decir, desechos de cultivos extendidos en la región. Después de ese punto de partida, se iniciaron distintas líneas de estudio que buscan identificar la potencialidad de las especies y diferentes aplicaciones de las nanofibras.
“Una de las fortalezas de estas nanofibras es que, a diferencia de otras nanopartículas en base a carbón que también se están estudiando, son completamente biodegradables. Son de origen orgánico y se obtienen a partir de recursos naturales que son muy abundantes en nuestra región, por lo que su potencialidad es enorme”, destacó la investigadora adjunta del CONICET en el IMAM, María Evangelina Vallejos.
Actualmente, uno de los trabajos del Instituto estudia el potencial de la moringa. Los frutos del árbol se usan para la producción de aceite, mientras que las hojas se secan y se exportan a países europeos, donde son reconocidas sus propiedades medicinales. Pese a que tiene un crecimiento muy rápido, la madera no puede ser aprovechada para la fabricación de papel por su baja densidad, pero si es útil para la obtención de nanocelulosa.
En los primeros ensayos, que ya fueron publicados en revistas científicas y expuestos en congresos internacionales por la becaria doctoral Julieta Benitez, compararon las nanofibras de moringa con las obtenidas a partir de aserrín de eucalipto y verificaron que las propiedades son similares. “Un factor interesante es que para obtener las nanofibras de moringa se utiliza mucha menos energía, lo que abarata el costo de producción. La idea final es que esta propiedad que estamos probando permita que la moringa se convierta en un cultivo alternativo de rotación en la región”, manifiesta Area.
Para obtener la nanocelulosa, los materiales de origen son sometidos a procesos químicos y mecánicos que permiten desestructurar las fibras y llegar a la escala nanométrica, un nivel imperceptible a simple vista, que equivale a la mil millonésima parte de un metro. El resultado es un hidrogel, que es el que contiene las nanofibras.
Otro de los proyectos que desarrolla el grupo busca obtener el hidrogel a partir de aserrín de pino. En los ensayos del trabajo, que está a cargo de la becaria Nanci Ehman, buscan identificar si se obtienen mayor refuerzo al incorporar las nanofibras a la preparación de la pulpa o bien aplicándolas superficialmente sobre el papel.
El uso de residuos como materia prima y la disminución en el consumo de energía para su fabricación convierten a la nanocelulosa en un recurso fundamental para aumentar la sustentabilidad del proceso de producción de papel.
Fuente: CONICET/DICYT